Coronavirus, ¿una vacuna para la humanidad? Una lectura ecosocialista

Por Gabriel E. Videla – geógrafo, ambientalista, professor na Universidade de Buenos Aires (UBA), e na Universidade Nacional Tres de Febrero (UNTReF), Argentina.

Coronavírus, uma vacina para a humanidade? Uma leitura ecossocialista.

Resumo:

Em apenas três meses, o medo do COVID 19 se espalhou pelo mundo e um terço da humanidade se isolou, fazendo a economia despencar em meio a milhões de angústias. No entanto, três realidades radiantes surgiram: o reaparecimento da natureza e a limpeza do planeta; a adaptação humana à mudança repentina; e o ressurgimento de antigos valores humanos. O ecossocialismo propõe delinear um mundo desejável contrario à hipótese de colapso e como articulador de programas e ações.

Coronavirus, a vaccine for humanity? An ecosocialist Reading.

Abstract

In merely three months, fear of COVID-19 spread around the world and a third of humanity was lockdown while the economy collapsed, with millions in distress. However, three glowing realities emerged: the reappearance of Nature and cleansing of the planet; the human adaptation to sudden change, and that ancient human values ​​re-emerge. Ecosocialism is suggested to outline a desirable world against the hypothesis of collapse, and as a catalyst of programs and actions.

* * *

En sólo tres meses, en cada rincón del mundo compartimos temores por ancianos, urgencias y miedos adultos, y terror de que el COVID 19 pueda afectarnos seriamente y a los nuestros. A un tercio de la humanidad, encerrada y aislada en nuestras casas, nos invadió la ansiedad e incertidumbre inevitables sobre cómo seguirán tras la pandemia la economía, la subsistencia y la sociabilidad, la vida en suma.

Sin embargo, pese al desplome de la economía mundial provocado por el coronavirus y a los tormentos que arrastran los millones de personas infectadas y muertas cada día, tres realidades emergieron silenciosas y radiantes, tan inesperadas como la pandemia, y que alientan esperanzas compartidas por millones en cada rincón y a la ancho del planeta.

  1. La increíble reaparición de la Naturaleza por el freno de la economía, tras el implacable avance urbano y de la mugre gaseosa y líquida con la que la producción per se no cesó de envenenarla desde la Revolución Industrial, fue muy celebrada y feliz. Ciervos en calles de Japón, canales limpios en Venecia, zorros en Londres, cielos transparentes sobre China, Italia y España, Buenos Aires sin gases ni ruidos, carpinchos en countries sobre humedales… apenas la presión disminuyó, el planeta se limpió. Lo vimos. No es abstracto. También se intensificaron la deforestación y otras agresiones. Pero lo constatamos: podemos sanarlo.
  2. La capacidad social de adaptación de conductas ante la amenaza, y de aprendizajes sociales veloces, en tan sólo semanas, fue sorprendente. En pocas semanas “todo lo sólido se desvaneció en el aire”: aviones clavados en tierra, casi tres mil millones aislados en sus casas, se cayeron acciones, se congeló el turismo y miles de actividades y eventos, ¡hasta el circo deportivo! Pero… mientras haya víveres y techo en paz, y mientras no se extienda demasiado, “no pasa nada”. En sólo cuatro semanas, el mundo pulsa a otro ritmo.
  3. Viejos valores soterrados por la mercadofilia retornaron súbitamente al centro de la escena: vida, solidaridad, entrega, cooperación, paz, creatividad, reconexión humana. Desahuciados por años (agentes de la salud, científicos, empleadas de farmacias o súper, etc.) se revalorizan como héroes anónimos del momento. Y… ¿y el mercado?, ¿es vital?, ¿alguien se desvive por no poder irse de shopping?; ¿lo extrañás, o abrazar a tus afectos?

¿No se debió la mayor popularidad del Presidente argentino a haber priorizado esos valores, a confirmar y validar el rol del Estado como ordenador y freno de los intereses de pocos contra los de muchos, a haber despertado esperanzas de cambiar las “reglas del juego”?

Una humanidad suspendida, como entre una inhalación y exhalación, sin el frenesí ni la histeria usuales experimenta “aquí y ahora” una naturaleza más sana, valores humanos, y buena parte “cae” o registra que puede -¡y que desea!- vivir distinto. “Volver a salir” sí, “volver a la locura” ya no. Volver a lo mismo que antes no; es la causa de por qué sufrimos.

Entonces, se reactualizará un viejo problema. Lo peor de la pandemia pasará, y volverán a regir el ritmo de la codicia explotadora de los dueños del capital, y sus medios reavivan urgente al imprescindible circo para los “tiempos de ocio”.

¿Cómo articular y canalizar políticamente a los millones de deseos compartidos de que  valores como cooperación, solidaridad, paz, y vida a ritmos acordes con los de Naturaleza, primen y aplasten a los del lucro ciego, la explotación, la histeria sin sentido y el circo 24×7?

Žižek y Badiou proponen una ambigua “nueva forma de comunismo”, otros pronostican nomás. Pero una nueva situación ¿no amerita postular una nueva afirmación?  Y pocas -si alguna- supera al ecosocialismo para bosquejar unidos anchos sueños compartidos (no “idénticos”) e integrar programas para un mundo solidario, que priorice generar bienes necesarios y más tiempos para jugar, amar, contactarnos humanos, compartir por placer saberes, artes y deportes, con otros valores y perspectivas civilizatorias.

En su ya apreciable y amplia historia, en el ecosocialismo confluyen un filósofo occidental (Walter Benjamin) y múltiples perspectivas y praxis feministas, originarias y campesinas, decoloniales y por modernidades alternativas, jóvenes en redes, con una sabiduría común: ser parte de la Naturaleza y respetar juntos a los procesos físico-químico biológicos de la biosfera y ecosistemas, en vez de acelerar al tren que corre incontrolado a concretar la (percibida imparable) hipótesis del colapso humano.

Sus principios de autolimitación, precaución, interculturalidad, eco-ética, igualdad y participación componen un lenguaje ilegible a las fuerzas del consenso extractivista envenenante (sojero, minero, fracking, cementador) y aún raro a la izquierda leninista.

Si consolidamos y articulamos estos principios para la pospandemia, la tragedia del COVID 19  podrá haber servido para vacunar a la sociedad humana contra su propio suicidio.

Hoy, estos versos de Mary Oliver nos interpelan como una campana repicando en los oídos:

Dime,
¿qué piensas hacer
con tu única, salvaje,
preciosa vida?

 

 

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